En La Casita de Cris, el Carnaval se vive como un tierno rincón de luz y magia donde el día a día se transforma en un espacio de encuentro puro, sencillo y lleno de mimos. Al celebrar esta actividad dentro de la gran familia de Erasmus+ y nuestro proyecto Infancia Sin Fronteras, buscamos que cada uno de nuestros niños, incluso desde sus primeros pasos, descubra que bajo el color de las pinturas y la suavidad de los disfraces todos hablamos el mismo idioma: el de la ternura, la imaginación y la ilusión más inocente.
El martes vivimos un día muy especial en nuestra casita con motivo del Martes de Carnaval. Entre colores, disfraces y muchas sonrisas, recibimos una visita mágica: el Mago Carlitos. Con su sombrero lleno de sorpresas y su varita brillante, nos deleitó con un maravilloso espectáculo pensado especialmente para nuestros pequeños. Vimos aparecer pañuelos de colores, pelotas que desaparecían y volvían a aparecer, e incluso un duende juguetón que asomó para saludarnos.
Los peques participaron con ilusión, moviendo sus manos para ayudar a que la magia funcionara y pronunciando palabras mágicas todos juntos. Fue un momento lleno de asombro, risas y emoción, donde trabajamos la atención, la imaginación y la sorpresa. Aunque son muy pequeños, para ellos no es solo una fiesta: es un aprendizaje profundo y sensorial donde, al jugar a ser otros personajes, comienzan a ensayar sus primeros gestos de empatía y comprensión, tal y como explicaba Jean Piaget al hablarnos de la importancia del juego simbólico en la primera infancia.
Al experimentar con texturas, colores y nuevas identidades, abren sus mentes y sus corazones a la diversidad desde la raíz, aprendiendo que ser diferentes es, en realidad, nuestra mayor riqueza. El Carnaval tiene ese don especial de crear un mundo donde nadie es más que nadie, donde las diferencias se diluyen y nos encontramos en un plano de igualdad y alegría compartida.
Celebrar este día así nos permitió compartir una experiencia divertida y educativa, fomentando la curiosidad y el disfrute en un ambiente cálido, seguro y acogedor. Porque cuando un niño se siente libre para jugar, soñar y ser querido, las fronteras simplemente dejan de existir.
Este Carnaval en nuestra casita es nuestro pequeño granito de arena para construir el mundo que soñamos: uno donde desde la cuna se aprenda a convivir, compartir y celebrar la vida con apertura, sencillez y cariño.
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